Mira el cielo y le pinta entre las nubes, le dice que ella lo ve verde e intenta convencerlo de que hoy hace un día precioso para los soñadores. Que si mezcla el amarillo del amanecer y el azul del cielo, obtiene el color de la esperanza. Él la cree y la mira con una sonrisa enorme en la cara, como pensando en lo absurdo de que haya días verdes. Dice lo mucho que intenta no quererla más de la cuenta, y en el fondo sabe que hasta un daltónico pintaría el cielo con el color que ella quisiese. Aunque ni siquiera ese color existiese en este mundo, aunque viviésemos en blanco y negro.
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