“Escribir, escribes hasta enamorar, así que deberías escribir más y hablar menos; y así serías un poco menos desastre o aquel tipo con arte. Me encanta soñar, ¿no lo sabes? Me encanta, y lo nuestro fue un sueño, seguro que lo fue porque la historia no tenía ni pies ni cabeza, ni se cogía ni se podía dejar por ningún sitio real. Que se quede en la luna y nos mire desde allí. Pero así es como me gustan las cosas, las raras, los sinsentidos, percatarme de todo lo que el resto ni siquiera se ha parado a pensar. Y es que tú eras tan tú que yo era demasiado yo, así que la historia siempre se reinventaba ella solita y joder, era un auténtico suicidio. No sé cómo empezamos a jugar con fuego, ni quién llevaba el mechero, ni quién de los dos lo acercó a la mecha. Sólo sé que explotó dinamitándolo todo por los aires y nos fuimos corriendo lejos del desastre como los niños que un día fuimos en algún verano del noventa y tantos. Y es que eres una persona increíble, pero dentro de un tiempo serás un chico excelente, como el de la canción suplente del cumpleaños feliz, o incluso, el tipo con arte que escribe y enamora. Esperaré tu próxima carta como espero las cosas que me gustan por la sonrisa que me deja durante esos segundos de más o como espero el bus de las doce, que siempre siempre llega a mi parada, y nunca nunca puedo escapar de él. Yo mientras, pensaré en las canciones que aún nos quedan, y sobre todo, en esa que compondrás con tu guitarra en una sucia buhardilla de algún hostal que apeste a tabaco y a amor usado.”
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