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De la vida, de esas que son complicadas o más simples, algunas son un acumulado de cosas y otros somos una vida llena de pequeñas partes que vamos revisando y llenando con las ilusiones que se construyen con el día a día. Y cuando te sientas junto a las pequeñas partes, reconoces tus más simples e inmensas necesidades; la necesidad de ser abrazada constantemente, la necesidad de sentirte segura, la oportunidad de sentirte débil y frágil; la enorme necesidad de sentirte cuidada. Aunque crecemos y nos hacemos fuertes ante el mundo, ante tus amigos, ante tu familia, muy dentro de ti las necesidades palpitan con cada paso que das. Cuando me detengo a pensar en mis necesidades es inevitable vincularlas con mi rol de sumisa, que tanto tengan que ver una cosa con la otra es solo una idea más, puede que mucho o puede que solo sean un espacio para tejerlas a mi alrededor, pero sí sé que mi sumisión tiene mucho de ellas, soy sumisa en muchos aspectos del bdsm, soy masoca, soy sexualmente abierta, pero también son la niña que necesita sentirse segura y cuidada. Soy una parte frágil que siente. Muchas veces entiendo por qué llegamos al Bdsm a saciar necesidades, a darle sentido a pensamientos extraños, a deseos primarios, a completar los espacios que fueron quedando vacíos a través de la vida misma; puede que muchos estén en medio del juego, pero otros estamos en medio de la trascendencia de la vida, estamos buscando darle el sentido que en la cotidianidad se queda corta, tal vez, por eso, nos arriesgamos a decir en voz alta “Necesito que me cuiden”.

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