Ven aquí mi señor, mis brazos te quieren cobijar;
soy tu niña, tu sumisa, tu mujer;
me entregue y te entregaste a mi , era cuanto yo podía desear;
tu cuerpo y tu alma son libres, ahora ya nada nos frena.
Es nuestro juego, aquel que nos gusta disfrutar;
atarme, lamerte, sentir tu mano en mi cuello, al cielo te quiero llevar;
el frío hielo recorriendo tu cuerpo es para tu calor despertar;
y la cera caliente en tu piel es la que te ha de estimular,
Sabes mi vicio, mi objetivo, el placer que he de sentir;
controlando cada sensación de tu cuerpo en mi cuerpo llenarte de placer;
sentirme entregada, viendo retorcerte, con ganas de dejarme ir;
pero sabes y deseas que eso sucederá solo cuando tu me lo ordenas.


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