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A solas,
contigo misma,
ni más ni menos,
con los cabellos
todavía revueltos.

Te revuelves cual felina
entre las sábanas
de blanco impoluto.

Miras al objetivo
de la cámara,
a través del cristal
de la ventana indiscreta.

Esperas,
impaciente,
temerosa,
un regreso,
una palabra,
una esperanza;
algo a lo que aferrarte,
ilusionada.

Las horas pasan,
el reloj avanza;
el tiempo no se detiene,
al contrario,
continúa incansable
su curso implacable.

Tu mirada se pierde
a través del cristal,
que es testigo ciego
de tu espera sin final.

Pobre princesa
de un cuento real,
se diluyen tus lágrimas
a través del tiempo.

Una esperanza
que yace marchita,
a través de tu mirada ausente
y llena de tristeza.

Entre las sábanas aspiras
aromas y recuerdos,
algo a lo que aferrarte
y te mantenga con vida.

Soñando con ser
la niña que fuiste,
y ya nunca más volverás.

Con tu mirada perdida,
y los cabellos revueltos,
buscas aún una salida
a tu laberinto
de melancolía.

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