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Sumisa yo.
Conozco lo que estás pensando “todos me critican, mis amigos, mi familia.... tendré al final que marcharme de esta ciudad pero a él nunca lo dejaré”.

Me gustaría ser devorada, al contrario que la mantis religiosa, estoy poseída, estoy enamorada, loca, que más me da. Su cuerpo me fascina y a su alma la maldigo sin cesar. Quiero alejarme y no lo consigo, quiero matarlo y sólo consigo matar a otras para que no me roben sus besos, me tiene atrapada en su red pero me gusta, lo necesito. Necesito que me posea aunque su posesión sea como una violación. Necesito de sus caricias, muero cuando su cuerpo se introduce en el mío, vivo porque él no me ha ordenado lo contrario, estoy loca, lo sé, loca por él.
Llego a la conclusión de que mi vida no tiene sentido si yo no soy su esclava, sí, su esclava, dispuesta a la hora que él me reclame, su esclava para satisfacer sus instintos más bajos y su pasión desbordada… y me gusta, me fascina, me diluyo de placer.
Su mirada, su sonrisa, su sexo, su arrogancia, su infidelidad o desfachatez, todo él me consume y no deseo ser rescatada.
Terminado el juego, el volverá a los brazos de cualquier amante. Yo seguiré esperando que la fortuna vuelva a recaeren mi sumisión.

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