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Sumisa tú.
Muerto estoy y no resucitaré a menos que vuelvas arrastrándote desnuda a mi cama, te inclines, me beses y te mezcles con el sudor de mi cuerpo sorbiendo el semen que de forma inmediata depositaré en tus labios.
Estaré mientras yo lo desee encima de tu cuerpo, me moveré y lameré por donde quiera y pararé cuando tú desees lo contrario.
Ordenaré tu quietud y tu sumisión total como la mariposa encerrada en un frasco de cristal para que no pueda volar.
SI, te quiero esclava, sumisa y esclava total, dispuesta a cumplir, sin pronunciar sonido, mis órdenes y como tu Dios que soy, realizar a la perfección mis deseos más mórbidos y sexuales.
Te deseo como lo que eres, mi puta particular. Tengo el derecho de propiedad para tratar tu cuerpo y alma como me apetezca y tú seguirás sin hablar, sin gemir, sin parpadear. Tu misión exclusivamente complacerme y ser una marioneta que sólo se moverá con mis deseos o con mi mirada enturbiada de lujuria y posesión.
Tus ojos tailandeses sólo abarcarán el contorno de mi cuerpo. Me acariciarás, besarás y susurrarás que soy tu dueño, tu chulo, tu amante, tu único motivo de existir.
Me elevaré, mi machismo resucitará y te poseeré por delante o por detrás cuantas veces lo desee. Tus pezones serán mi único alimento. Tú recibirás lo que a mí me plazca en cada momento y nada más.
Una vez terminado el juego los papeles cambiarán y serás la de siempre; te aprovecharás de mi amor y de puntillas te irás al ordenador para contar historias a tus amigos del Facebook. A mí sólo me quedará ver el documental o volver a soñar.

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