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Ahí, donde lo más profundo de mí ser se encuentra, desde las entrañas del subconsciente en estado de alteración, donde todo se esconde y nada sale, donde las palabras no llevan mordaza y los sentimientos no están maniatados a una silla con cinta de raso. Donde los miedos más reales en forma de pesadilla vienen a buscarme, las angustias me tambalean, los deseos me empujan, las inquietudes tiemblan… En una línea mucho más allá del bien y del mal, está todo lo que siento por ti. Y allí es, a pesar de todo, un refugio en el que estoy yo conmigo misma y mantenemos conversaciones. Y a ti… A ti te miento. Mucho, demasiado, todo el tiempo, más de lo que me gustaría, pero allí nunca lo hago. Allí es donde se esconde toda la verdad acumulada, en el baúl cerrado bajo siete llaves de un sótano oscuro con puerta blindada custodiada por dos dóbermans. Justo ahí es donde te quiero y te odio al mismo tiempo, ahí son todas las ganas de verte reprimidas pidiendo auxilio y las lágrimas ahogadas. Son verdades tan grandes que construiría templos con ellas, incluso desearía que en medio de tanta verdad alguien se infiltrara para salvarme contándome alguna mentira piadosa, que me dijera que todo va a estar bien, que esta vez el otoño no terminará en invierno, que tú y yo aún vivimos en ese pequeño porcentaje de poder quedarnos juntos. Que me engañen también, que me protejan la ilusión como se hace con la de un niño para que no la pierda a destiempo. Que esto deje de ser una lucha en la que siempre pierdo contra mí misma.

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