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A veces como una moneda, te lanzo al aire y espero a que la suerte sonría y se le ocurra decidir algo por nosotros. A veces caes del lado bueno, y eso es como esperar una sorpresa y que te siga sorprendiendo. El contestador se llena de mensajes tuyos, las canciones de la radio solo hablan de ti y los besos no son de nadie más. Y a veces no. No sale lo que quiero ni lo que busco ni lo que hace que me arranque el sueño todas las noches. Abro los ojos y no hay rastro de una señal que me diga que alguna vez fuiste tú el que se paseaba por mi vida. El teléfono no suena y me acostumbro a no acordarme de tu voz y de las cosas que nos hacían gracia a los dos. Pero yo no quiero acostumbrarme a que no estés y que encima te piense con todas mis fuerzas. No es justo dejarle al azar lo que me encantaría hacer contigo las tardes de lluvia en casa o las miradas que te echaría al pasar por el mismo lugar donde nos conocimos. No es justo dejárselo al azar y seguir llamándolo así. No es justo decir azar y querer decir miedo.
A veces, como una moneda, te lanzaría al aire y pediría un único deseo; Que te cumplieras.

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