SI EL ALMA SE PUDIERA
abrir, como la carne, cuando enferma, este infierno que empuja no acabaría por ganar mi guerra. Un milagro de luna compartida y el crepúsculo tenso de sombras apretadas y oscurecida sangre se desharía en horizontes lentos. Volvería el acorde a la guitarra cerrando su bostezo desdentado y, muerta la locura, que me llega con el cuchillo al sol de las cigarras, dejaría de ser, como ese árbol, recorrido de hormigas acuciantes, que no encuentra el momento en que la tierra lo libre de su farsa. Un silencio, tan solo, constructivo; una vigilia huera de fantasmas; el camino de amor, para mi sangre, de un beso, puro como un hilo de agua, que pase por mis labios y los salve. Un sueño solo, dulce, del que despierte vivo o no despierte; un pájaro, una flor, un eco, un niño; el aire entre las hojas de la tarde.... Solamente eso pido.
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