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Cuando llora el poeta... sus lágrimas de plata desbordan mares de tristeza. Cuando llora el poeta... se anega su sonrisa y sus ojos adquieren el tinte de la nada. Sus versos ya no son los de antes, no juguetean entre la belleza de las cosas, sólo se esconden o flotan entre las páginas de la amargura. Sus palabras... cubiertas por el frío de la desilusión, se hacen ininteligibles, casi mudas. Cuando llora el poeta... se opacan los coloridos celajes que llevan los sueños al infinito, y el universo mismo le reprocha. Es su llanto, un húmedo milagro que recorre las mejillas. Es su llanto, fresco bálsamo que alivia pasiones truncadas. Contémplale en silencio, tiene la gracia de un pequeño niño al que se le negaron sus antojos. Admírale... pero nunca preguntes por su pena, no quites la magnificencia a ese precioso instante. Simplemente... deja descansar su alma.

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