“Mis manos abren la cremallera de mi vestido y tiran, siento como la prenda se afloja en torno a mi pecho. El cuerpo que veo no parece el mío. Hay tenues marcas y alguna magulladura que otra, pero mis ojos no están tristes, sino que me siento orgullosa, y con una energía desbordante alzo la barbilla y esbozo una sonrisa.. ¿En qué me he convertido? Estoy contenta, sí, pero he de cuidarme de no perderme a mí misma.”
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