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“La empujó hacia delante hasta que sus manos se apoyaron sobre la colcha. Notó el primer golpe seco en la nalga y apenas había asimilado lo ocurrido, cuando recibió otro azote..
-¡Aahh! -Otro manotazo directo le hizo aferrarse con fuerza al colchón apretando los dientes enloquecidamente tentada de decirle que pare, pero no.
Los azotes se sucedieron hasta que literalmente sintió anestesiada la mente y perdió la noción del tiempo que se detuvo, hasta que Él la cogió entre sus brazos, diciéndole que ya había terminado y que su aguante sería ahora gratamente recompensado.”

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