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“Ese día parecía una estatua de piedra tallada con rasgos duros y mirada impenetrable, lo cual sólo conseguía hacerla sentir aún más insegura. Aquel no parecía el hombre de los últimos días. En sus ojos había algún tipo de angustia o nerviosismo, ella lo veía confuso y aún así, le tendió la mano..
Sintió la piel suave contra la suya, palma contra palma, dedos engarzados a dedos como una lenta caricia. En lugar de apartar la mano, Él la apretó con más fuerza buscando su delicadeza, su calor y sobretodo, el tumulto salvaje de su pulso en la muñeca. Ella entreabrió los labios, sintiendo, como aliviando el fuego que llevaba por dentro.”

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