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“El centro de mi mundo eres tú, pero exijo lo mismo de ti y no dudes que mi crueldad, puede ser infinita si no recibo de ti lo que espero.. Y sobretodo, preciosa, no olvides que te amo, aun cuando no veas en mi un atisbo de compasión.”
“La besó con la seguridad en sí mismo que le hacía ser quien era. La besó una y otra vez, sujetándole las manos con fuerza. Hábil, caliente, delicioso y salvajemente masculino. No le quedaba otra que rendirse al fuego que la recorría y a la sensación ingrávida que se hundía en su vientre, necesitada, insistente. Rindiéndose a su sabor, se olvidó de todo para centrarse en la dulce magia que creaban, el modo en el que Él se imponía como si supiera las cosas que ella quería cuando estaba a la deriva en el fuego, en las llamas ansiosas que la lamían por dentro y le hacían responder a sus caricias, y al glorioso poder de su sexo.”

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