• Soy una sumisa• Soy una esclava
• Y en este arte
• Me entrego plenamente
• A quien me encuerda
Otro día más en una cueva oscura,
otra noche más que no yazgo junto a Ulises,
otro frío en la piel del lecho vacío.
Todo lo tejido se deshace,
manteniéndome fiel a mi camino, recorriendo las soledades.
Y después de tantos años de esperar
¿qué importa si Ulises no llega?
¿Y si la espera fuera un espejismo,
la fidelidad una trampa en la que se encarcela y se engaña?
Tejiendo y tejiendo mi Penélope se convierte y transforma.
No soy ya la esposa fiel que espera
Porque Yo Soy la Itaca a la cuál arribar,
Mi Cuerpo es el lecho en el que Odiseo anhela meterse,
Soy el Amor del cuál el héroe libaría.
Soy la habitación cálida que la acoge;
Soy el néctar y la seda con la que hilo las ropas
No soy la que espera
Soy la que Ofrece…
En la punta de tu lengua está la semilla de una diáfana tempestad, ésa que introduces con delicadeza al túnel, jugueteando con mi femineidad. Borrasca que germina en mis humedades y en la tibieza de tu saliva, dibujando garabatos en la aureola de unos senos que apuntan a la inmensidad.Entre mis piernas se encuentran los misterios que no existen, la palabra que todavía no puedes y buscas con ansias pronunciar. La puerta que se esconde en la entrada de mi vientre. Un universo paralelo y vulgar, despierta tu morbo, te vuelve mortal.
A petición de tus demonios, me transformo en infierno, y provoco que me detestes, que me abofetees con la mirada, que tus labios blasfemen tan agria locura y soledad. Con el cinismo de una mujerzuela, abro tanto como puedo los muslos, para que dibujes perversiones en la herida más profunda e íntima de mi ser.
Eres embate, eres deseo y flagelo de la carne que pesa, y yo solo ansío gemir hasta la saciedad, te ofrezco mi espalda arqueada, empapada, sostenida por tus lamentos, en un acercamiento casi fatal.
Yo solo soy un cuerpo desnudo de toda hipocresía, danzando entre tus caricias y tus silencios, atravesada entre tu miembro erecto y tu locura ineludible. Dos demonios que se reflejan en la nota sostenida de un encuentro carnal, entre poesía, mentiras y la belleza de la debilidad. Nuestros sexos bailan ardiendo en una melodía inaudible para la mediocridad, la noche es invisible, la moral inservible, esta noche se colma a sí misma la iniquidad, entre egos, avaricias y vanidad.
En tu lengua el desacato, el ciclo genésico que brota en sangre, saliva y esperma; toda tu zafiedad.
Yo, la impaciencia caprichosa, el infantilismo grotesco, que muerde tu lengua y sin sutilezas cabalga en la reciedumbre de tu pelvis hasta fatigar.
El segundo imperecedero, entre canibalismo y docilidad, entre tristezas y realidad, no demoraremos en percatarnos que fue en ese segundo de cesar en el que nos hemos agotado desde hace tiempo, azotados por la palabra imprecisa, la nota decadente, y el orgasmo raído. Cada uno escapando de sí mismo.
Somos dos monstruos solitarios que se han hallado, tropezando en la vileza de lo que se dice sin pensar. Que muerden, que embisten, que penetran y desgarbados por pura necedad. Somos pasiones e infortunios que gimiendo y eyaculando, tratan de olvidar sentencias, escribiendo en la piel del otro.
En tu lengua está la etérea semilla que estalla al contacto de mi gravedad. En mi cabeza desaparece el adagio… silente, ha muerto la curiosidad.Sonido concomitante de nuestros corazones
Lujuria y amor que no puedes tergiversar.
Sexo furtivo inigualable
y la concurrencia de nuestros cuerpos
en un calderón del orgasmo.
Parece un momento quimérico
Una brisa estival en invierno
pero es mi verdadero designio
imágenes oníricas de mi alma
envolverme en un ambiente tórrido
en un túmulo de sábanas
y luego disfrutar la modorra
mientras ese momento, ese
se graba en mi memoria
se fija en mi corazón
y se arraiga en mi alma.





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