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Sólo treinta despertares con tu ausencia, y luego

tu carne convertida en pan-demonio

provocando mis instintos primitivos

extrayendo con soez delicadeza al cromañón

que se escuda detrás del intelectual hipermoderno

Sólo treinta madrugadas de levantar la persiana, correr las cortinas

y no encontrarte entre la luz

Hasta que tus números impares invadan mi cama

mi cocina, mis baldosas

y los dos juguemos a creer en las medias naranjas

y que los destinos

(porque son muchos, claro)

siempre supieron que ibas a venir

Sólo treinta insomnios maldecidos que acaparan

totalitarios

las horas que programé con antelación y alevosía

a descansar y conseguir algo de cordura

un poco, aunque sea

que me permita decirle NO a tu presencia

que incluye, inexorable, tu partida.

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