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LA DAMA MUERTE




De nuevo me pongo a pensar
en esa dama de negro para unos
y de blanco para otros.

...Sí, por supuesto,
es la Muerte.

Sólo le pido que me abrace,
mas aún no lo hace.

Me mira con rechazo
y con desdén.

¿Qué quieres de mí,
qué buscas en mí?

Mis ojos se cubren de lágrimas
y descubro, con estupor,
que tengo sentimientos:
¡qué gran revelación!

Mi corazón marchito
yace en un cuerpo gélido,
pálido y sombrío.

Así estoy yo,
la mortal que quiso ser
lo que jamás la sociedad
le permitió llegar a ser.

Contemplo a mi alrededor
la ciudad en su esplendor:
el cementerio,
sus estatuas,
sus tumbas,
sus difuntos
y esa paz interior.

Bendigo ese silencio,
esos minutos robados a la vida,
esa belleza serena
que no todo el mundo atina
del todo a comprender.

No es por ser morboso,
no es por ser cruel,
a mi modo de ver.

Sólo busco una razón
para permanecer con vida.

Sólo busco una razón
para no ser una suicida.

Sólo busco un corazón
que no me vea sólo como amiga.

Sólo busco compartir
la sangre de mis venas.

Sólo busco a alguien
con quien compartir mi soledad.

Sólo busco un abrazo
que comparta mi alma,
desgarrada,
solitaria,
pútrida ...
y, sin embargo,
ser capaz de amar,
a la espera de ser correspondida.

Trato de aferrarme a una esperanza,
a un cántico de ángeles;
que quiero que me acojan
en su seno bendecido.

Trato de buscar
una esperanza,
un rayo de sol
que me abrigue de este frío.

Trato de aferrarme a un amor
que me acepte tal como soy,
un ser que me abra
las puertas de su corazón,
tal y como yo
estoy dispuesta a hacer.

Este dolor
me desgarra el alma,
este dolor
me desgarra en dos mitades.

Esta pasión me desborda,
esta pasión me mata.

Quiero sentir
los labios de la Muerte,
quiero sentirlos
posarse en mi cuello.

Quiero sentir la afilada guadaña,
que aplaque el dolor
que asola a mis entrañas.

Mi corazón poco a poco
deja de latir.

Veo ya una luz
al final de un túnel.

Comienzo a vislumbrar
esa luz entre tinieblas.

Comienzo a sentir la caricia
del Ángel de la Muerte.

Comienzo a sentir la daga
de la dama de la guadaña.

Un gélido aliento putrefacto
penetra en mis pulmones.

Noto soplar un aire fío
a mi alrededor.

No temo a la Muerte,
no siento dolor,
no siento nada,
ni quiero compasión.

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