Oscureció la noche y con ella la fatiga,
en un cuerpo que espera ansiado
el paladar de una boca que mitiga
el néctar de un beso envenenado.
Y la cara de la luna parecía
risueña con su blancura de cera,
que de mi angustia se riera
con burla imagen, en mi noche fría.
Y con el sol del nuevo día
mi cuerpo cansado, vigilante,
cerró al beso que no sentía
con amargor veneno de muerte.
¡Oh, alma que destila aurora!
esperando ese beso y su veneno,
empañado de estrellas sin sendero
en unos labios donde beso implora.


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