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MI PIANO LLORA

Él, cubierto con el polvo
de antaños amores,
con las lágrimas de hielo
que en su espalda pesan.
Le pasa el tiempo a su cielo
y a sus tardíos arreboles;
no se esfuman los reflejos
que labran su rostro,
haciéndolo esa daga que se clava
en lo más hondo de su alma.

Se aleja del aire
que brota de mis collados,
se aparta de estas manos
donde nacen rosas
con pétalos que quieren
tejer una sola historia,
abandona mis labios
que en cada alborada lo evocan,
sublimando sinfonías
de mi amor por su luz y su sombra.

Dormita desolado
en las noches de su invierno,
esboza una simple mirada
a su madrugada sin sueños
y siguen caminando sus pasos
en el dolor de sus recuerdos.
Vuela por distintos vientos,
pero pisa esa misma tierra
sembrada de inmensa soledad,
aguardando en lo único que espera...
¡El nuevo tiempo para despertar!.

Hoy, -aún con su despedida-
danzan mis mariposas
en los redimidos campos
donde sembré revelaciones,
donde pinté lienzos
con óleos germinados de mis glosas,
donde grité -con gritos silenciosos-
la demencia de mi idioma.

Cada día renace perenne
su alma en mi alma,
las bellas grafías de su voz
viven en mis párpados,
entrelazo en una sola
su lágrima y mi lágrima,
su rostro en mí es perpetuo,
cuando entre cristales lo acaricio
y me abrazo a su silencio.

Yo, sigo peregrinando
en el sendero que no se detiene,
esparciendo semillas
que añoran ser siempre alegres,
queriendo cosechar
frutos del cielo, que dan vida,
descansando en las únicas letras
de eterna sabiduría.

Y sigo esperándote amado mío,
sin vicio, sin vacío.
Con melodías diáfanas
esperándote en mi prado,
donde reposan, la miel de mis manos,
mi savia, mi alma
y esta, -para ti- mi dulce mirada.

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