Powered By Blogger
Ya veo cómo colocas en tus labios el almíbar, las arenas movedizas,
el tiempo destemplado de otras indecentes tierras, el convulso viento
que aparea otros ropajes, un solo cobijo de otoños calcinados, redondos,
sin estrellas dónde posarse, sólo los labios y su materia gris, su cincel
acaparándolo en sus arrebatos, la dulce calma de ver dormido el sol
cuando avanzas sin esa furia desmadejada, ese aliento inhóspito,
esa sola luz que lo domina todo, con su fugacidad de sótano entreabierto.

Ya veo cómo enlazas tu cuerpo a la costumbre de mis ansias,
cómo le colocas un sobretodo a la columna vertebral de mi corazón,
y entre otros atributos tuyos, logras un milagro para no verte tan de cerca,
pues moriría con tu cuerpo almidonado, tu sabor a medianoche, la luna
llena cayéndose a borbotones sobre el agujero penoso de mi almohada.

Eres flor o incertidumbre pasajera. Eres todo, menos el vaporoso incendio
que allanó zarpazo tras zarpazo, un ramo disecado de violetas y geranios.
Eres la dulce esperanza, que descolocó los fangos y acechó prolija,
ese verdor escaso, la rama donde dormía el cuervo y el pobre gatopardo.

Eres la oscuridad perfecta, el vicio oculto de una amargura placentera,
el éxtasis infinito por donde transitan la locura y el rapto amable de sus
extrañezas. Eres pura aversión a lo diminuto, te acicalan las grandezas;
qué holgura no acogerte, ni para el adiós de un beso amordazado.

Ya veo cómo celebras tus despojos, y yo dentro de ti, corro y corro,
no veo la razón en ello, pues eres un universo paralelo a las distancias;
que yo sepa, te aparearon amorosa y turbia, y enloqueciste a mi lado,
sin titubeos, como una hierba que no cruje ni se enrosca, pues el latido
viene de la cordura, y mi boca se une a la tuya como queriendo quebrarme
los versos del alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario