Una rosa negra con adorno de papel
colgaba en el retrato tapado de una mujer
y en las penumbras
un hombre estaba sentado en una silla
sus ojos cansados miraban el infinito
y sus labios cerrados
pronunciaban mil veces el nombre
de la que nunca va a volver
y sus pensamientos conversaban solo
repitiendo ella va a venir!
la sigo esperando ¡porque yo la amo!
y ella me prometió que iba a volver
Por la ventana abierta
se alejaba la tarde llorando
el río cansado se recuesta
en los dolorosos enjambres de su cuerpo
refugiándose en misteriosos laberintos
de la oscuridad de sus pensamientos.
y él siguió solo y sentado en la silla
esperando la que nunca podría volver...
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