Por aquel entonces yo no sabía nada del amor, bueno quizá sabía lo que se puede sacar en claro de una película sin subtítulos en versión original. Parecía bastar solo con verlo, pero luego resulta que también había que entenderlo. Nosotros no entendíamos nada pero se nos daba de miedo querernos escondiendo las partes feas del amor, apartando los finales tristes hacia un lado del plato. Como si tuviéramos la capacidad de elegir lo que queríamos, como si el destino no tuviera nada que contarnos. Nosotros preferíamos comernos la distancia, o los días que no eran cruz en el calendario, los que te dejaban con hambre, los que siempre faltaban para verte. Lo cierto es que al amor no solo bastaba con verlo, olerlo o tocarlo… Lo cierto es que también había que vivirlo, había que llegar hasta el final, porque siempre hay uno. Por aquel entonces yo no sabía nada y ahora tampoco lo sé. Solo sé que la distancia está apartada y que los días con o sin cruz para verte han desaparecido del calendario, que después de todo solo estamos comiéndonos uno de los finales tristes que tanto temíamos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario