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Ya se apagaron los celestes fuegos.
Ahora el paisaje es como un gran latido
palpita un manso anhelo de ternura
en su regbio

el farol con su pulpa azucarada
en tanto que con gracia sosegada
se despereza el suelo estremecido.

El labio innumerable de la brisa
me acaricia solícito.
Juego de luces: suave como un bálsamo,

el ámbito humedeceazo lírico,
temblor la luz difusa
del éxtasis muriente vespertino,
y en ella se disuelve
la que derrama ti de amarillo
y su aureola verdosado, tierna y grande,

se escapasen furtivos.. Se oye el tímido
pestañear del lucero de la tarde,
solo en el infinito.
Y yo siento en mi alma como nacen
las alas milagrosas deomo suspiros

que del alma del munl espíritu.

Es todo aéreo, frágil, luminoso.
Todas las cosas son c

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